Venezuela: Despreciando las migajas y en busca de la dignidad

La condición de país petrolero permitió que Venezuela viviera aparentemente unos años dorados, donde la renta generaba ingresos suficientes para un pequeño grupo de empresas, un salario marginal para los trabajadores, algunas migajas en inversión social y el resto se repartía entre la corrupción política y las multinacionales
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 Por  desde España  información obrera -Laura Vitriago

Venezuela es y ha sido siempre una economía capitalista dependiente del petróleo y subordinada al imperialis­mo estadounidense. Esta situación tra­jo como consecuencia el abandono de tierras y la migración del campo a la ciudad, formando grandes cinturones de pobreza alrededor de las urbes.

Como es normal, la economía y la política han estado siempre unidas. Desde que Venezuela comenzó a ex­plotar petróleo, permitió que la inver­sión extranjera estuviera presente en el país a través de multinacionales cuyas concesiones eran asignadas sin con­sentimiento del Congreso, y esto fue impulsado por el bipartidismo que go­bernaba desde el Pacto de Punto Fijo de 1958. Pacto que perseguía un pro­grama de gobierno mínimo común.

Tras un breve período de relativa prosperidad, se nacionaliza el petróleo y termina aparentemente con la libre explotación petrolera. Al poco tiempo los precios del crudo se desploman, la deuda aumenta y entran en juego las “políticas de ajustes” del FMI. En 1989, el gobierno de turno había aceptado los recortes sugeridos y la población de tan asfixiante situación económica y social manifestó su indignación con estallidos sociales, el principal el Caracazo, el cual marca el punto de inflexión a esta situación. Las represalias contra los ma­nifestantes provocaron víctimas, cuyo número todavía hoy está sin precisar. Como consecuencia, aparece el intento de golpe de Chávez donde la población, con cautela, aplaude el hecho de que alguien asuma responsabilidades.

Hace diecisiete años Venezuela dio el primer paso hacia el cambio socia­lista, en busca de condiciones dignas para la mayoría. El nuevo gobierno colocó al ser humano en el centro de la política, en lugar de los capitales. El programa de desarrollo dio un cambio en las condiciones de vida de los más castigados y un avance en los princi­pales sectores de la economía, como reconocen incluso los principales or­ganismos de Naciones Unidas y otras instituciones internacionales.
Esta situación trae de cabeza al im­perialismo, que no deja de presionar desde dentro y fuera de Venezuela. Desde dentro, con el apoyo de empresas privadas que han decidido no producir, acaparar lo que hay en el mercado y especular con los precios. Desde fuera, con el contrabando de países vecinos y decretos que nacen en Estados Unidos y que buscan el apoyo en otros países.

El futuro de Venezuela pasa por im­pedir el boicot de las empresas que están desestabilizando la economía venezola­na, continuar apoyándose en la clase trabajadora, rechazar la agresión impe­rialista –como ya lo hacen organizacio­nes de la clase obrera de Estados Unidos (US Labor Against the War) – y aumentar la educación especializada para dar paso a cientos de venezolanos que quieren asumir los medios de producciónAgregar leyenda


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